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El blog de Hilda González

Triunfador o Soñador?

19 Julio 2014 , Escrito por Hilda González. Etiquetado en #Reflexiones de la Vida

A ti que me lees, te saludo con amor, y respeto, aunque no sepa tu nombre, se que eres de alta estima en este mundo. Existen en el mundo dos clases de personas: los soñadores, y los triunfadores. La única diferencia que existe entre uno y otro, es que uno decide creer en sus sueños, y el otro permanece soñando. Por todos es sabido que todo lo que existe y es ahora una realidad tangible, comenzó siendo apenas una idea, una idea que surgió cuando nadie más la pensó, y que se materializó por la osadía de creer en esa chispa de futuro. Todos los seres humanos, nacimos con ese potencial para soñar, aunque yo lo llamaría “Inspiración Divina”, y cómo no? Si fuimos creados a imagen y semejanza de un ser Divino Todopoderoso. Los sueños son para mi “semillas” con las que todos nacemos, pero lamentablemente no todos logramos descubrir, y más allá de eso cultivar y ver sus frutos; lo cual significa identificar, creer en ese sueño, y trabajar arduamente para conseguirlo. Visto desde la biblia, grandes hombres que hicieron la diferencia, al creer en el poder de Dios Supremo, cuando todos los demás seguían dudando, fueron llamados no a hacer precisamente lo posible y lo razonable ante los ojos de los hombres, sino lo “imposible” mediante la fe que los caracterizó. Actualmente vivimos en una sociedad que quiere implantar el sistema “Pirámide” donde cada uno puede conformarse en el nivel donde está, o luchar por estar en la cúspide, lo que parece realmente objetivo, lógico y altamente razonable; pero la cara oculta de esta pirámide es el “Precio” que exige pagar, en este sistema no se otorga un lugar más alto si no se paga para lograrlo. En este punto es donde la codicia, la envidia, la competencia despiadada e indolente cobran protagonismo, pues se nos ha acostumbrado a escalar por encima de quien sea, para alcanzar todo lo que se quiere; y aquel que no lo intenta, solo se queda contemplando aquel lugar como “inalcanzable” o “inmerecido”, mientras es visto y duramente criticado por el resto como un perdedor. Con esto no digo que soñar ni luchar por tus sueños esté mal, el minucioso pero letal detalle consiste en el precio que estás pagando por tu sueño. Un triunfador no es aquel que escala más alto que otros, sino aquel que conquista cada centímetro de sus victorias por mérito propio; no es aquel que nunca se rinde ni nunca pierde sino que siempre lo intenta, ni aquel que tiene todo a su favor sino el que lucha contra la corriente. He entendido que lo extraordinario de la vida está en las cosas ordinarias; que los sueños más valiosos son gratis, y lo que realmente cuesta es defenderlos cuando casi nadie cree en ellos. Esto aprendí al saber que hace miles de años atrás, un hombre que creyó en la humanidad, pagó por nuestra Libertad con precio de sangre, su nombre fue Jesucristo, y con tal hecho de amor incorruptible y misterioso dividió nuestra historia en el mundo, en un antes y un después. Es por esto que inicié con recordarte el alta estima que tienes, y a través de estas líneas te reitero, que creo en el sueño que Dios sembró en tu corazón, como creo en el talento que él te dió para lograrlo y en las fuerzas que te dará cuando estés a punto de rendirte y decir: no puedo más! Porque bien dice en la Biblia: todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Una verdad absoluta es la que se encuentra citada en el libro de Esclesiatés según la Biblia: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”, irónicamente escrita por el Rey más sabio y rico en la historia de la humanidad, hombre que aún en la plenitud de la muchedumbre de sus deseos cumplidos, pudo reconocer sin más vanagloria. El fin de todo lo creado, es entender que existe con y para un propósito, más que descifrar el por qué?. Realmente estoy convencida, de que si sé para qué vivo, no necesito saber el por qué; siendo así, una y otra vez afirmo que si Dios creó a la humanidad, tengo razón suficiente para creer en él y en mi. No es difícil reconocer que este mundo necesita de menos soñadores y más triunfadores, más valientes que se atrevan a creer en sí mismos y en sus propios sueños, que se arriesguen con valor y fe, que asuman el reto y decidan apostarle a un mejor futuro, sin quedarse extasiados el tiempo; entendiendo que de todo lo necesitado para alcanzarlo Dios dará provisión, porque es su voluntad que este mundo sea edificado y no destruido, como muchos tristemente quieren hacer. Cuando el mundo te diga: no puedes! Tú no dejes de creer en el poder que Dios te ha dado, y muéstrales lo que él hará a través de ti para que su nombre sea glorificado, porque Jehová exalta al humilde, mas al altivo lo mira de lejos.

A ti que me lees, te saludo con amor, y respeto, aunque no sepa tu nombre, se que eres de alta estima en este mundo. Existen en el mundo dos clases de personas: los soñadores, y los triunfadores. La única diferencia que existe entre uno y otro, es que uno decide creer en sus sueños, y el otro permanece soñando. Por todos es sabido que todo lo que existe y es ahora una realidad tangible, comenzó siendo apenas una idea, una idea que surgió cuando nadie más la pensó, y que se materializó por la osadía de creer en esa chispa de futuro. Todos los seres humanos, nacimos con ese potencial para soñar, aunque yo lo llamaría “Inspiración Divina”, y cómo no? Si fuimos creados a imagen y semejanza de un ser Divino Todopoderoso. Los sueños son para mi “semillas” con las que todos nacemos, pero lamentablemente no todos logramos descubrir, y más allá de eso cultivar y ver sus frutos; lo cual significa identificar, creer en ese sueño, y trabajar arduamente para conseguirlo. Visto desde la biblia, grandes hombres que hicieron la diferencia, al creer en el poder de Dios Supremo, cuando todos los demás seguían dudando, fueron llamados no a hacer precisamente lo posible y lo razonable ante los ojos de los hombres, sino lo “imposible” mediante la fe que los caracterizó. Actualmente vivimos en una sociedad que quiere implantar el sistema “Pirámide” donde cada uno puede conformarse en el nivel donde está, o luchar por estar en la cúspide, lo que parece realmente objetivo, lógico y altamente razonable; pero la cara oculta de esta pirámide es el “Precio” que exige pagar, en este sistema no se otorga un lugar más alto si no se paga para lograrlo. En este punto es donde la codicia, la envidia, la competencia despiadada e indolente cobran protagonismo, pues se nos ha acostumbrado a escalar por encima de quien sea, para alcanzar todo lo que se quiere; y aquel que no lo intenta, solo se queda contemplando aquel lugar como “inalcanzable” o “inmerecido”, mientras es visto y duramente criticado por el resto como un perdedor. Con esto no digo que soñar ni luchar por tus sueños esté mal, el minucioso pero letal detalle consiste en el precio que estás pagando por tu sueño. Un triunfador no es aquel que escala más alto que otros, sino aquel que conquista cada centímetro de sus victorias por mérito propio; no es aquel que nunca se rinde ni nunca pierde sino que siempre lo intenta, ni aquel que tiene todo a su favor sino el que lucha contra la corriente. He entendido que lo extraordinario de la vida está en las cosas ordinarias; que los sueños más valiosos son gratis, y lo que realmente cuesta es defenderlos cuando casi nadie cree en ellos. Esto aprendí al saber que hace miles de años atrás, un hombre que creyó en la humanidad, pagó por nuestra Libertad con precio de sangre, su nombre fue Jesucristo, y con tal hecho de amor incorruptible y misterioso dividió nuestra historia en el mundo, en un antes y un después. Es por esto que inicié con recordarte el alta estima que tienes, y a través de estas líneas te reitero, que creo en el sueño que Dios sembró en tu corazón, como creo en el talento que él te dió para lograrlo y en las fuerzas que te dará cuando estés a punto de rendirte y decir: no puedo más! Porque bien dice en la Biblia: todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Una verdad absoluta es la que se encuentra citada en el libro de Esclesiatés según la Biblia: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”, irónicamente escrita por el Rey más sabio y rico en la historia de la humanidad, hombre que aún en la plenitud de la muchedumbre de sus deseos cumplidos, pudo reconocer sin más vanagloria. El fin de todo lo creado, es entender que existe con y para un propósito, más que descifrar el por qué?. Realmente estoy convencida, de que si sé para qué vivo, no necesito saber el por qué; siendo así, una y otra vez afirmo que si Dios creó a la humanidad, tengo razón suficiente para creer en él y en mi. No es difícil reconocer que este mundo necesita de menos soñadores y más triunfadores, más valientes que se atrevan a creer en sí mismos y en sus propios sueños, que se arriesguen con valor y fe, que asuman el reto y decidan apostarle a un mejor futuro, sin quedarse extasiados el tiempo; entendiendo que de todo lo necesitado para alcanzarlo Dios dará provisión, porque es su voluntad que este mundo sea edificado y no destruido, como muchos tristemente quieren hacer. Cuando el mundo te diga: no puedes! Tú no dejes de creer en el poder que Dios te ha dado, y muéstrales lo que él hará a través de ti para que su nombre sea glorificado, porque Jehová exalta al humilde, mas al altivo lo mira de lejos.

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